Los Murales Industriales de Diego Rivera en Detroit

January 8, 2017

 

 

Diego Rivera, para muchos el artista más importante de México, pintó entre 1932 y 1933 lo que él mismo consideró como su obra magistral: los murales industriales que constituyen la obra Detroit Industry, y que decoran las paredes de la sala “Rivera Court” del Instituto de Artes de Detroit.

 

 

Los murales muestran todo el proceso de la fabricación de autos, desde la extracción de las materias primas, pasando por el fundido de metales, el prensado, el montaje de los motores de combustión interna, el cableado, los neumáticos fabricados con caucho, los asientos, el ensamble total y la salida de los nuevos autos a los patios de la fábrica. Los murales presentan todo el proceso de producción automotriz en dos enormes muros identificados como “norte” y “sur, y en las partes superiores de las paredes identificados como “este” y “oeste”.

 

 

El artista mexicano, confeso comunista, fue contratado para reflejar el proceso productivo capitalista por Edsel Ford, presidente de Ford Motor Company y que en ese entonces era también el presidente de la Comisión de Artes de Detroit, por recomendación del director del Instituto de Artes de esa ciudad, William Valentiner. Rivera asumió su propia manutención, ya que Edsel Ford solamente colaboró con 20,000 dólares, destinados en su mayor parte a la adquisición de los materiales para la obra.

 

 

En abril de 1932, Rivera se trasladó a Detroit acompañado de Frida Kahlo. La pareja se instaló en un hotel cerca del Instituto de Artes de Detroit, y Diego visitó las zonas industriales observando allí toda la información necesaria para plasmarla en sus murales. La oferta industrial era muy extensa. Pero a Frida no le gustaba la ciudad por su clima extremoso, además, de haber sufrido un aborto no deseado y de enfermarse constantemente. Así que ella esperaba con ansias el momento en que Rivera terminara su obra para abandonar la ciudad.

 

 

El artista inició largos paseos por el complejo industrial Ford River Rouge, a la orilla del río Rouge en Dearborn, Michigan, realizando numerosos esbozos o bocetos, acompañado por el fotógrafo oficial de la compañía. A Rivera tal vez le inspiraba más el aspecto humano y el contexto social, en lugar del puramente técnico, por ello buscaba a menudo entrevistas con obreros, encargados, y diferente personal de la fábrica. Muchas de los rostros de aquellos obreros de Ford Rouge fueron utilizados en sus murales, entre ellos también aparece el suyo ataviado con un bombín.

 

Rivera elaboró muchos bocetos y cartones que utilizó como plantillas para trazar las imágenes en los muros. Una vez trazadas las imágenes, sus ayudantes aplicaban capas de yeso donde Rivera pintaba antes de que el yeso secara completamente. De esta forma, la pintura se impregnaba formando parte de la capa del yeso. Esta es la técnica de pintura al fresco, similar a la que Miguel Angel utilizó para pintar la Capilla Sixtina en el Vaticano.

 

En el mural norte encontramos los primeros pasos del proceso manufacturero automotriz. Los colores utilizados por Rivera, así como la ubicación del proceso de fundición, permiten que en ciertas horas del día, cuando el sol ilumina con su fuerza esta parte del muro, el fuego y el humo que salen de los hornos adquieren un efecto impresionante. En la parte central del mural aparece un grupo de trabajadores jalando unos bloques del motor. En ella, los trabajadores aparecen moviéndose al mismo ritmo. Se trata de obreros automotrices de varias nacionalidades.

 

Es imposible describir en este espacio todo lo que Rivera pintó en estos murales, la realidad de la producción industrial con todo su simbolismo. El inicio y el fin de la producción industrial en cuatro enormes muros. Diego Rivera concluyó los murales industriales de Detroit en marzo de 1933, nueve meses después de su llegada a Detroit. Cuando el público los vio por primera vez se quedó asombrado, nunca se había visto algo igual.

 

La obra a su término desató admiración y polémica a partes iguales, pero se puede aseverar que ninguna otra obra artística refleja mejor la fabricación de un auto. Ocho décadas tras su creación no existe parangón en ninguna otra parte del mundo.

 

** Fotos y textos de Carlos Marentes y de Zona Rápida / Xavinski

 

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